La firma del convenio entre la Universidad de Belgrano y la Escuela de Gobierno de Tucumán fue la excusa institucional. Pero la conversación derivó rápidamente hacia un diagnóstico más amplio: el rol de la universidad argentina en un mundo que -según definió Dino Bellorio decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la facultad bonaerense- atraviesa “cambios profundos” en lo económico, lo político y lo cultural.
“Está cambiando el comercio internacional, se discute la globalización, hay tensiones sociales en todos los continentes. Frente a eso, las universidades tienen que responder a las necesidades reales del país”, sostuvo.
Para Bellorio, la respuesta no es abstracta ni declamativa. “Los problemas humanos, en definitiva, son problemas de educación. Pero no alcanza con una formación general. Se necesita capacitación profesional, pensamiento crítico y preparación para asumir responsabilidades, tanto en el sector público como en el privado”.
Bellorio es abogado por la UCA, Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por UBA, Doctror Honoris Causa en Humanidades por la UPF, Nicaragua y vicepresidente de Relaciones Institucionales de la UB.
En un contexto donde la virtualidad se expandió de manera acelerada, Bellorio defendió la centralidad del aula, especialmente en las carreras de grado.
“Un estudiante de 18 o 19 años necesita al profesor presente. La tecnología complementa, pero no reemplaza el contacto directo. La formación profesional exige debate, diálogo y acompañamiento”, afirmó.
Avance tecnológico
La universidad (que supera los 60 años de trayectoria) registra, según detalló, un crecimiento cercano al 30% en su matrícula respecto del año anterior. La expansión obligó incluso a adquirir un nuevo edificio para atender la demanda.
Eso no implica desconocer el avance tecnológico. Por el contrario, sostuvo que la inteligencia artificial debe incorporarse sin temor. “No hay que tener miedo. Hay que asumirla y utilizarla bien. Es una herramienta que mejora la calidad académica si se la emplea con criterio”.
En ese sentido, explicó que la universidad firmó recientemente un acuerdo con International Legal Group para que los alumnos accedan a bibliotecas jurídicas digitales con sistemas de inteligencia artificial integrados, lo que -según señaló- garantiza precisión y trazabilidad en la consulta de fuentes.
Uno de los conceptos que atravesó su análisis fue el de “formar ciudadanos del mundo”, uno de los lemas institucionales de la universidad.
“Durante mucho tiempo se decía que los jóvenes que se iban no volvían. Yo veo lo contrario: muchos se perfeccionan afuera y regresan con más herramientas”, afirmó.
La Universidad de Belgrano mantiene convenios de movilidad y doble titulación con instituciones europeas, que permiten a los alumnos cursar parte de su carrera en el exterior y homologar materias en la Argentina. Esa experiencia, dijo, amplía la mirada y fortalece la formación.
Pero junto a esa proyección internacional, Bellorio insistió en la necesidad de consolidar identidad nacional. “Queremos formar ciudadanos argentinos que conozcan la geografía de su país, sus provincias, su historia. También tenemos que salir al encuentro de la escuela secundaria y fomentar el pensamiento crítico. Que los estudiantes aprendan a discutir una teoría, a pensar por sí mismos”, remarcó.
Más allá del análisis global, el decano volvió al punto que lo trajo a Tucumán. La alianza con el Estado provincial. Y allí marcó una diferencia que, dijo, suele pasarse por alto.
“No alcanza con firmar convenios. Lo importante es implementarlos. Y la implementación es diaria: es la semana que viene y la otra. Si cada uno hace lo mejor en su ámbito, la suma de esos esfuerzos puede generar un resultado superador”, planteó.
Bellorio afirmó que la universidad no puede permanecer ajena a los procesos de transformación política y económica: “Hoy tenemos que formar personas capaces de ser mejores legisladores, mejores gobernantes, mejores profesionales. Y esas personas salen de la universidad”.
En un país atravesado por debates sobre el rol del Estado, la globalización y el futuro del trabajo, su conclusión fue directa: “No puedo cambiar el mundo solo. Pero sí puedo hacer lo mejor desde mi lugar. Y en ese proceso, la educación es el camino”.